Es la pesadilla de cualquier asesor político: que su jefe se pavonee en un palacete mientras la crisis acogota a los votantes. Los mandatarios europeos han entendido el mensaje y este verano presumen de planes vacacionales más «low cost» de lo habitual. Aunque, claro está, lo que hagan de puertas adentro es otro cantar.

La escena se ha repetido este verano en los despachos de los principales mandatarios europeos. Tras un año de discursos, reuniones y cumbres internacionales, Sarkozy, Merkel y compañía ya contaban los minutos para la llegada de las vacaciones. Y en el momento más inoportuno llamó a la puerta el asesor de turno con los últimos sondeos y un amargo consejo:«Señor, teniendo en cuenta las dificultades de la economía, ¿no le parece que convendría que se tomara unas vacaciones de perfil bajo?».
A su manera, todos han entendido que, con el euríbor devorando las nóminas más modestas, no es el mejor momento para pegarse unas vacaciones a todo trapo. Este año se impone el «low cost»: unos han renunciado a viajar al extranjero, otros han limitado su descanso a unos días sueltos… Y, en el caso de Zapatero, ha montado Consejo de Ministros el 14 de agosto para analizar la situación económica. Lo que sea para que los votantes se lleven la impresión (real o ficticia) de que los gobernantes no se olvidan de sus penurias ni un segundo.