A veces no se viaja fuera de España porque los desplazamientos son caros, o largos. Quizá es el lenguaje lo que lo evita, o los altos precios del destino.

La solución es tener cerca un país en el que podamos entendernos sin demasiada dificultad, y cuyos precios sean ligeramente inferiores. En el caso de España, ese país es Portugal.

La variopinta Lisboa, la mágica Sintra, las rústicas calles de Coimbra, o el esplendor costero del Algarve son sólo alguno de los lugares que nuestro país vecino ofrece a aquel que quiera acercarse a sus tierras. Eso por no hablar del vino verde, los fados, el pulpo, las cataplanas, la ventana a África que nos ofrecen los emigrantes de Angola o Cabo Verde en restaurantes y comercios de la capital…

Y, bueno, el mismo lenguaje no hablamos pero… el que ha viajado a Portugal sabe que no hace falta saber idiomas para defenderse con soltura.