Encontramos hoy mismo un artículo en HostelTour bastante pesimista, que habla de que diversos analistas prevén que la oleada de compañías de vuelo de bajo coste está a punto de terminar, y pronto se declararán en bancarrota

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(Otra vez Forges, ese gran analista)

Esto será debido a su incapacidad de seguir manteniendo la infraestructura suficiente para seguir prestando el servicio sin aumentar los precios, cosa que no les está permitido por la actual coyuntura y legislación.

    Las low cost, con una reducida estructura de costes en la que el combustible tiene un peso mucho mayor, resultan golpeadas mortalmente y sin capacidad de reacción. “Tenemos que aumentar las tarifas y disminuir nuestra capacidad, y esto va a ser letal para muchas líneas aéreas de bajo coste”, ha afirmado Walsh. En su caso, han anunciado que aumentará sus precios y eliminará miles de vuelos de su programa de invierno. Agregó que “en 2007 el combustible representaba el 9% de los costes de BA, ahora alcanza el 36%. Tenemos que apuntar al largo radio y a vuelos de clase Premium”. Dos líneas de acción a las que no pueden acudir las low cost.

Ya estamos viendo cómo están cayendo compañías inmobiliarias, como si fuesen naipes en un castillo, y parece que las siguientes “grandes ideas capitalistas” del siglo XXI en empezar a derrumbarse, son las compañías de bajo coste, según este artículo. Suponemos que todo esto será otra consecuencia de la crisis en la que nos hemos sumergido, en esta época en la que las grandes compañías se han inventado miles de propuestas para explotarnos hasta la última gota y crearnos necesidades que no existían en generaciones anteriores, en las que con sueldos similares llevaban vidas, quizá más sosegadas y menos viajeras, pero más holgadas.