Las firmas baratas basan su modelo de gestión en una política de recorte de gastos que ha revolucionado el mercado europeo

La liberalización del sector aéreo europeo a principios de los noventa no tuvo un efecto inmediato para el cliente, puesto que las grandes compañías de bandera (Iberia, British Airways, Air France o Alitalia) respetaron los mercados de sus rivales y decidieron agruparse en códigos compartidos en vez de competir entre ellas. Pero no pudieron evitar que al tiempo aparecieran pequeñas empresas que, al igual que ocurrió en EE.?UU. en los setenta, comenzaron a ganar cuota de mercado mediante una agresiva guerra de precios. En este contexto nació Spanair, que, junto con el resto de líneas menores del grupo Marsans, obligó a Iberia a bajar el precio de los billetes domésticos en más de un 50%. El siguiente escalón en la liberalización del negocio aéreo ha sido la irrupción de las compañías de bajo coste, que han revolucionado el sector y en pocos años se han aupado a los primeros puestos del ránking europeo.

Las low cost irrumpieron en el mercado con el gancho de que vendían billetes por Internet y no daban periódicos ni servían comidas. Esta estrategia les permitía ofrecer unos precios irrisorios. Pero detrás de esas tarifas, que muchas veces engordan cuando el cliente se decide a contratar el vuelo, hay una estricta política de costes que es la base de su modelo de gestión. Para empezar, la tripulación de una aerolínea tradicional es 2,5 veces más cara que la de una de tarifa reducida. Además, los empleados trabajan realizando múltiples tareas, como es limpiar el avión o controlar la puerta de embarque. Ryanair, paradigma de compañía de bajo coste (en su obsesión por adelgazar la cuenta de gastos, ha llegado a prohibir que sus empleados recarguen la batería del móvil en sus instalaciones), no tiene costes de distribución, ni de fingers (el modelo de avión que utiliza permite a los pasajeros descender por una escalerilla hasta el suelo, y después caminar hasta la terminal, porque la empresa tampoco tiene jardineras). Apenas invierte en publicidad (generalmente, lo hacen por ella los Gobiernos de las regiones en las que se establece) y el personal apenas supone el 6% de su presupuesto.