Los que comenzamos a volar en la época en que era extraño encontrar aviones que no fueran a hélices, aprendimos que el precio de un pasaje justificaba su alto coste por las bazofias y porquerías que te servían a modo de comida o cena. Por no hablar del famoso zumo de naranja con el que durante décadas Iberia obsequiaba a sus pasajeros. Todavía no se habían inventado los yogures esos contra el estreñimiento y el líquido anaranjado suplía, con creces, sus funciones.

Por lo demás, poco o nada ha cambiado la incomodidad de volar. De modo que si se puede hacer a bajo coste, mejor.

Desde aquí intentaremos aconsejar cómo hacerlo.