La eficiencia de un empleado de hotel también se mide por su discrección. En los alojamientos la gente muestra lo mejor y lo peor de si misma, como esa tendencia tan extendida de robar objetos de la habitación, algunos sin importancia como los botes de gel y otros que podrían considerarse un delito, como las toallas o los ceniceros.

Las anécdotas dan para mucho en un trabajo donde siempre se está de cara al público pero este no siempre muestra su cara más amable, aquí os dejamos el link a un simpático artículo que cuenta algunas historias sobre huéspedes de hoteles poco convencionales.